Para un expatriado acostumbrado a las raciones ligeras o al “pescaíto” frito del sur, enfrentarse por primera vez a la gastronomía del norte puede ser un choque cultural… y estomacal. Sin embargo, hay un plato que se ha convertido en el puente perfecto entre tradiciones: el cachopo.

El arte de la ternera y el queso

A diferencia de los flamenquines cordobeses, el cachopo asturiano eleva el concepto del empanado a una categoría casi arquitectónica. Consiste en dos filetes de ternera asturiana de gran tamaño que emparedan jamón y queso, para luego ser empanados y fritos hasta alcanzar una textura crujiente por fuera y fundente por dentro.

Si estás de visita en Oviedo y buscas el estándar de oro, no puedes pasar por alto Las Tablas del Campillín. Este restaurante se ha consolidado como un referente absoluto, acumulando numerosos premios nacionales que avalan su maestría en los fogones.

Juanjo Cima: El arquitecto del sabor

Detrás de la fama de los mejores cachopos de la región se encuentra la figura de Juanjo Cima. Como cocinero especialista del cachopo, Cima no solo ha perfeccionado la receta tradicional, sino que ha sabido innovar respetando el producto local. Su enfoque ha sido clave para que este plato deje de ser “comida de batalla” y se convierta en una experiencia gourmet valorada por paladares internacionales.

Más allá del cachopo

Aunque el cachopo sea el protagonista, la inmersión culinaria no estaría completa sin probar otros platos asturianos recomendados. Para quienes vienen del sur y buscan sabores potentes pero diferentes, sugerimos:

  • Fabada Asturiana: El guiso insignia, ideal para los días de orbayu.
  • Chorizo a la sidra: La tapa por excelencia en cualquier llagar.
  • Pote Asturiano: Una alternativa a la fabada que incluye berza y patata.
  • Arroz con leche: Con su característica capa de azúcar quemado, el cierre perfecto para cualquier ruta.

Explorar Asturias a través de su mesa es la mejor forma de integrarse en esta tierra de paisajes verdes y hospitalidad infinita. ¡Buen provecho!